El Colombiano del 1/2 Oriente: ¡Crash! Vidrios destrozados, chapas, gritos.¿

12.21.2005

¡Crash! Vidrios destrozados, chapas, gritos.¿

el otro que escribio el reportero italiano!!!! ijij
Te imaginas muerto de frío en una choza indiano? En Colombia la fantasía supera la realidad: les escribo de Cali, de la conexión Internet del hotel Casa del Alferez, cinco estrellas, Sofitel, camareros impecables, sciurette colombianos advenedizos de prisa, guardaespaldas y algún siciliano del aire rapaz que, en el hall, susurra tal vez cosa a colombianos vestidos con vestidos de casa de moda demasiado elegante para no desentonar con las caras de barrio miseria.¿Queda bien ser flexibles, queda bien cambiar los planes, pero ha sucedido cos?'Pues: la otra mañana partimos prestissimo en dirección Cali. Nos paramos a un distribuidor, noto el estado de los neumáticos: uno son lisos deja hasta ver los hilos de acero. Le pregunto a Federico de cambiarlos. Y' una locura ir por ahí así. Federico titubea un po', su ONG no nos tiene una lira. Entonces decido financiarle la mitad de la adquisición. Considerémoslo una inversión, le digo: una inversión en seguridad.
Luego me percato - los colombianos son un po' aproximativo - que mi cinturón de seguridad no funciona, se ha parado. Federico tiene prisa de ir, pero yo insisto: sin el cinturón no viajo. Él jadea un po', luego nos paramos de un garajista y la hacemos arreglar.Viaje estupendo, se encarama sobre el Cordillera Central por una calle todo curvas lo llamadas irónicamente Línea, con fuertes subidas y pendientes dónde renguean bilici enorme tipo Duel: aquí los llaman tractomulas, y dan miedo. Son prepotentes y se cogen toda la curva. Pequeños autobúses van como locos sobre la calle mojada, hacen adelantamientos absurdos, tocan bocinas fantasiosas: sabor tropical.Del frío del Cordillera bajamos en el Valle del Cauca: el paisaje se hace más dulce y tropical, plátanos, mangos y cafetales, arrozales. La gente tiene el aire más gentil y distendida que a Bogotá. La guerrilla y los paramilitares se tienen sobre las alturas, no bajan hasta la Panamericana. Hay muchos retenes (sitios de bloque) de la policía, pero generalmente son gentiles y sonrientes. Cuando estamos a punto de llegar hacia Cali, un pequeño Mazda delante de nosotros intenta superar un furgón en curva. En la dirección opuesta llega un camión. El camión trata desesperadamente de evitarla saliendo de calle, pero el Mazda resbala sobre el asfalto mojado, BAM!: el camión la hace prillare y la escama verso nosotros que estamos llegando. ¡CRASH! Golpe fuerte, ruido de vidrios rotos, chapas. Soy sacudido violentemente contra el salpicadero, pero por suerte el cinturón me retiene. Los neumáticos nuevos han ayudado el frenazo. Un po' somos firmes aturdidos, pero todos enteros. Yo, calmo, le digo a Federico: "Tranquilo. Encende laz luces de emergencia y no dejar el carro. Quedate aquí. , Pones las bombillas y no salgas. Estás aquí.)Del Mazda llegan gritos. Hay cuatro mujeres encarceladas entre las chapas. Federico me ha contado luego que mi tono de voz calmo le ha dado la fuerza de no echarse a gritar a su vez. Estamos allí sentado un minuto que parece un siglo, esperando los golpes de las otras máquinas.Por suerte no llegan. El tráfico detrás de nosotros se ha parado. Federico baja. Le digo: "Día a la gente de no tratar de extraer los heridos, dígale de esperar la ambulancia".Yo quedo en el coche. Aunque tengo un po' de experiencia de ambulancia no tengo ganas de hacerme los cazzi de un país extranjero. Y en efecto. Ya tropeles de voluntariosos las mujeres extraen de las máquinas sin el mínimo principio de seguridad. "Vien, vien"! "Trahila, trahilaaaa"! "Por aquì, por aquì." Del Mazda abarquillado suben los quejidos de las cuatro mujeres: una mamá, una hija y dos amigas que fueron a hacer compras a Cali. La mamá condujo y ha hecho la bravata de superar en curva, en fin probablemente ha visto el camión, se ha asustado, ha frenado, ha resbalado sobre el asfalto mojado y ha ido a sacudir contra el camión, que la ha arrojado contra nosotros.
La policía estuvo tras la curva: llega enseguida y, con la mitra a bandolera, añade confusión a la confusión. Todos gritan, vocean. Y cuando llega la ambulancia también es peor: los socorros son confundidos, concitados y aproximativos; nadie pone un collar a un herido. Bajan dos con la camilla a cuchara, que se abre en dos y permite de recoger al paciente sin necesidad de desplazarlo, la posan cerca de la paciente, la levantan de peso y lo apoyan en la camilla. Si la señora arista paralítica sabe quién agradecer. Ningunos steccobende, ningunos goteros, nada de nada. Las máquinas de la policía - en un día gris de lluvia - dejan las bombillas apagadas.Tratáis de no hacer nunca un accidente en Colombia.
Acomodada sobre el terreno mojado hay una jovencita con una muñeca que está hinchando a vista de ojo. Fue lo única con el cinturón de seguridad, que le ha hecho una rozadura sobre el cuello y una larga amoratada transversal, pero le ha salvado la vida. La cubro con mi anorak, la consuelo un po.' Me pregunta como la mamá está, la que condujo. Y' el más grave, se la ha llevado enseguida. Le digo que quizás tenga un brazo fracturado, pero que no me ha parecido grave.También llegan los bomberos, los bomberos, sobre un pick-up ordinario con una bombilla que funciona y un no. Tienen el eje espinal, pero la usan como una camilla, sin tampoco atar a los pacientes: los cargan en el cajón del pickup y los llevan así al hospital, al frío, sin tampoco cubrirlos para arreglarlos del choque. Tres de ellos tiene la chaqueta anaranjada con la inscripción en italianos "GUARDIAS URBANOS" DEL FUEGO Pregunto a uno donde la ha cogido, contesta que es una donación, quizás de los Estados Unidos. Gente se despierta el ciel lo ayuda.
La noche es larga, la policía nos retiene, son historias infinitas de documentos y burocracia, declaraciones y seguros. Nos baja la noche y todavía estamos allí entre la calle, entre los derrelicto de los coches y los fragmentos de vidrio. Por fin los policías encienden las bombillas. Pasan los enormes tractomulas, grandes como astronaves y mantas de luces pintadas como luna park, tocando sus clackson de barco.La máquina es un po' abollado, nosotros dos está muy bien y el seguro kasko de Federico nos ofrece este hotel a cinco estrellas. Sin cinturón de seguridad y con los neumáticos lisos quizás no sería aquí a contarla.Ves, a las veces: la suerte, el panza, tal vez.

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